Estamos siendo testigos mudos, nunca mejor dicho, de verdaderas masacres propiciadas por pueblos que demuestran carecer de memoria histórica y cualquier sentido común. Especialmente uno que no hace tanto sufrió uno de los mayores holocaustos conocidos.
Hoy tenemos criterio para elevar a la categoría de arma de destrucción masiva cualquier tipo de religión. Son como los elixires curativos que vendían y venden charlatanes con total impunidad; son inocuos, no son malos en sí mismos, pero en manos de pobre gente dominada y abducida por manipuladores sin escrúpulos se convierten en lo que son. Las armas más mortíferas creadas en la historia de la humanidad en la tierra.
No hay más que pensar y recordar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario